SIRIUS BLACK Y EL PACTO DE LOS SIN NOMBRE III
Después de sellar temporalmente el monolito, Sirius no pudo dormir. Las imágenes del culto, el latido bajo la tierra, y el nombre maldito “Umbraweth” lo perseguían incluso cuando cerraba los ojos. Sabía que no bastaba con apagar la chispa: había que entender el fuego.
Usando un libro prohibido que robó del ala más oscura de la Biblioteca de la Familia Black —Vestigios de lo Antiguo, encuadernado en cuero que parecía respirar si lo abrías de noche—, Sirius encontró una pista: la leyenda de los Sin Nombre, un grupo de magos prehistóricos que jamás usaron varitas, pero que moldeaban la realidad con palabras que el tiempo intentó olvidar.
Ellos no eran simplemente oscuros.
Eran los primeros en elegir la oscuridad voluntariamente.
Hace más de mil años…
Cuando Hogwarts era aún un cúmulo de piedras flotantes sobre un lago embrujado, existía una aldea en lo profundo de un bosque que hoy no aparece en ningún mapa. Allí vivía una comunidad de magos conocidos como los Fundalucti, practicantes de magia natural y neutral.
Pero entre ellos, cinco jóvenes ambiciosos se separaron. Querían más que equilibrio: querían poder absoluto. Uno de ellos, un niño albino de ojos totalmente negros llamado Kael Marrow, encontró en un lago seco una piedra tallada con una sola palabra: Umbraweth.
Nadie sabía lo que significaba.
Hasta que la piedra le habló en sueños.
Kael y sus seguidores comenzaron a sacrificar fragmentos de su identidad: sus nombres, sus recuerdos, sus emociones, a cambio de acceso a la "Magia Primaria", una forma de hechicería tan poderosa que no requería varitas ni conjuros. Solo intención pura y voluntad de perder el alma.
Fueron conocidos como los Sin Nombre.
Los otros Fundalucti intentaron detenerlos, pero fue demasiado tarde. En un ritual bajo el eclipse, Kael se fusionó con la entidad Umbraweth, convirtiéndose en algo más sombra que hombre. Su cuerpo desapareció, pero su conciencia se dispersó, fragmentada, enterrada bajo cinco bosques malditos.
Uno de esos bosques… el Bosque de las Sombras.
De regreso al presente…
Sirius supo lo que debía hacer: desenterrar los orígenes para debilitar al monstruo.
Volvió a donde estaba el monolito. No para sellarlo, sino para abrirlo de forma controlada. Quería contactar con el espíritu de Kael Marrow… y obtener respuestas.
Con un hechizo que mezclaba magia antigua y moderna, Sirius se permitió una “conversación” con la conciencia residual de Kael. Fue como hablar con un eco enloquecido dentro de una cueva sin final.
Kael (voz espectral): “No puedes matar una idea con fuego, Canuto. Solo puedes elegir no ser parte de ella.”
Sirius: “Una idea que se come niños no es filosofía, es locura.”
Kael le ofreció un trato: dejarlo manifestarse por completo en el mundo físico a cambio de revivir a un ser querido. Sirius, tentado por un instante, recordó la risa de James, la mirada firme de Lily, y dijo simplemente:
—Ya he perdido suficiente. Ahora es tu turno.
Con un hechizo explosivo mezclado con sangre y recuerdo, Sirius quebró el sello sin liberar a Kael, atrapándolo entre dimensiones.
Y así comprendió algo esencial:
Los magos oscuros no nacen del odio… nacen de la desesperación de quienes quieren cambiar el mundo sin pagar el precio de hacerlo bien.



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